Un buen Anciano

enero 30, 2018

der8kain
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Introducción: Este cuento frances nos lleva al mundo de un buen hombre que se encontró con preguntas muy difíciles de resolver, y fue atrapado por ellas, sin embargo la felicidad no era su compañera pero andaba muy cerca.
Autor: Voltaire.
Tiempo de lectura: 6 minutos.

 

 


Comenzamos el Cuento:

 

Después de muchos viajes me cruce con un viejo profesor. Noble él, muy cuerdo e inteligente, tenía mucho dinero, por lo que no engañaba a nadie. Hermosa familia, en cuanto no se dedicaba a ella, este viejo, se dedicaba a leer y mucho. A lado de su bella casa, adornada de amenos jardines, vivía una Hindú vieja, poco inteligente y muy pobre.

Quisiera no haber nacido, me dijo. Tanto tiempo estudiando, y veo que es tiempo perdido, enseño a los demás, y yo mismo ignoro todo. Vivo entre 2 eternidades (antes de nacer, y después de morir), No solo ignoro el porqué de lo que pienso, también se me esconde el porqué de mis movimientos. A Dios pongo en testigo de que no lo sé. No sé por qué nací, abrumado entre mi curiosidad y mi ignorancia. Sigo leyendo y me encuentro entre más tinieblas, no sé ni de dónde vengo, ni qué soy, ni adonde iré, ni qué he de ser.

Me entristeció aquel buen hombre, sentía que tenía razón, mientras más entendimiento tenía, aquel era más desdichado y más sensible.

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Cierta vez, baje a la casa de la vieja vecina, y le pregunte, si sentía aquellas ansiedades, parecidas a las del otro viejo, por no saber qué es el alma. Pero ésta, ni entendió mi pregunta, jamás había pensado en ello, creía con todos sus fuerzas en sus dioses, y era contenta con que haya agua en el rio para bañarse.

Sorprendido de la felicidad de aquella pobre mujer, le pregunte al viejo, si no tenía vergüenza de su desdicha, puesto que su vecina no piensa en nada y es feliz. Me dio la razón, pero agrego que sería muy feliz si fuera tan tonto como la otra vieja. Pero que no podría gozar de esa felicidad.

Extraño golpe sentí en mi interior, puesto que, examinándome a mí mismo, no podría ser feliz a costa de la irreflexión. La contradicción es clara, lo que importa es ser feliz, y la razón en algo contribuye a nuestra infelicidad. Mas, el viejo y yo, acordamos no volvernos tontos por vivir contentos. Pero aun así, preferir la razón a la felicidad parece un total desatino, ¿Cómo explicar esto? Una historia de nunca acabar.


– FIN –

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